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viernes, 28 de enero de 2022

EL SALTO

Silvina, una mujer luchadora, de cabello siempre recogido y un perfume dulzón
que, al olerlo, ya se sabía que se trataba de ella, de su presencia en el centro
de equitación de La Plata, donde pasaba horas con su yegua.
El galopar de Kimberley, junto a su amazona en ese lomo de pelaje zaino y
crines oscuras trenzadas, la incentivaba a dar el salto perfecto sobre las vallas,
lo cual cautivo a Matias.
Un joven muy apuesto, de acento español, que estaba de paso en Argentina
buscando caballo de salto y se topó con Silvi y su compañera..
Tras una larga charla en el stud, la propuesta original de comprar esa yegua de
andar prolijo, mansa y educada, terminó en una cena con su domadora.
Para ella ya no era una cena, ni el salto a la valla, sino que a otra vida. Mati le
propuso viajar a España con él.
Así fue como los tres emigraron con destino Getafe, lugar en el que Tute había
conseguido abrir un centro de equitación, donde ahora la gente hacia
larguísimas colas para observar y aplaudir el espectáculo, que brindaban su
reciente esposa Silvina y Kimberley en las altas competencias españolas.

STAFFORA NICOLAS MATIAS

jueves, 30 de septiembre de 2021

BASURA DE LA ALTA SOCIEDAD

  

Todo comenzó hace algunos años en las profundidades del Barrio Jardin en la ciudad de Viedma, Río Negro. Un joven de nombre Manuel Uribe, que de niño ya era conocido por los vecinos, por ser hijo de Patricia y Carlos, quienes desde que se fundó el barrio, tenían una panadería y él solía darles una mano. Ya sea amasando, barriendo o atendiendo, Manu siempre estaba con una sonrisa en la cara. Sonrisa que se le dibujaba, al saber que luego de su jornada por la mañana en la panadería iría como siempre a entrenar.
Tomaba su bicicleta, con la que recorría toda la ciudad para cruzar el puente que la une con la de enfrente, Carmen de Patagones y así llegar a su Club Deportivo Patagones. Club del cual era hincha su padre quien de chiquito había vivido cerca de las instalaciones del mismo y practicado básquet, hasta que una grave lesión lo dejó fuera de las canchas.
Manuel, que tenía de ídolo a su padre, se divertía junto a él escuchando las anécdotas, mientras repasaban partidos con diferentes fotos que él tenía guardadas. A diferencia de su ídolo, Manu tenía más altura y los números a medida que fueron pasando las categorías fueron siendo aún mejor. Números que le empezaron a traer oportunidades, si bien la meta era llegar a la NBA junto a los grandes basquetbolistas del mundo, un llamado lo puso a prueba.
Desde España y sin que él lo supiese el Club Zaragoza lo había estado observando y lo querían para la primera de cara al comienzo de la nueva temporada. Vladimir Garcia, buscador de talentos del club, fue el encargado de dar la noticia.
Uribe, decía la flamante camiseta número 4 del Zaragoza que le habían otorgado tras haber aceptado la propuesta.
Las cosas parecían fluir bien, los resultados del conjunto español estaban en lo esperado, luchando en lo más alto y con buenos rendimientos de Manu en el arranque. Pero no todo era básquet en la vida de Manuel, como ya sabemos, él era un chico de barrio, trabajador y conocido por todos, quien había logrado triunfar en el deporte que amaba. Sus amigos con los que recorría cuadras y cuadras hasta llegar al club, su familia, su entorno, en España ya no era el mismo.
El triunfo deportivo estaba a la vista pero no había triunfo frente al nuevo ambiente. Rodeado de la clase alta, donde sus costumbres y sus principios que había mamado en el barrio, no eran tomados de la mejor manera. Manu se sentía desplazado y solo allí y cuando alguien se siente solo, es difícil. Es por eso que luego de largas charlas con diferentes dirigentes del club, que intentaron convencerlo de quedarse, Uribe cerró la puerta del Zaragoza y volvió a entrar por una que nunca se había cerrado, junto a sus amigos y familiares en las gradas, se puso la del Depo para gritar campeón y entre flautas y mignones exhibir la copa. STAFFORA NICOLAS MATIAS

miércoles, 22 de septiembre de 2021

FUTBOL DE PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Era diciembre del año 1914,  ya habían transcurrido cinco meses del inicio de la Primera Guerra Mundial. Los ataques entre alemanes e ingleses no cesaban pero algo dentro de las trincheras empezaba a cambiar, se respiraba aire festivo.

Fue entonces cuando ambos capitanes de los regimientos pusieron fin a las batallas por un rato, el espíritu navideño los había bombardeado bien adentro. Tocando esos sentimientos que parecieran no estar presentes en una guerra.
- FELIZ NAVIDAD - gritó el capitán alemán. Mientras que por el otro lado del campo de batalla, a los gritos, el capitán Pomeroy preguntaba - ¿QUIÉN ES?, respuesta que no tardó en llegar por parte del Fritz, que rápidamente llegó al acuerdo de encontrarse en el centro del campo para pactar la tregua de navidad.
Luego del encuentro ambos capitanes volvieron a sus trincheras, donde le comunicaron a sus soldados que no habría combate por algunas horas y quien se atreviera a romper las reglas, sería asesinado por su propio capitán.
Como si fuera una fiesta se fueron entremezclando y saludando ingleses y alemanes. Entre tantos saludos, bombas, armas y trincheras, apareció una pelota. Si the ball o der balle, como acostumbraban a llamarla tanto los oriundos de Inglaterra, como los germanos, no tardó en rodar.
El partido comenzó con un poco de temor a cometer algún error que terminará con la tregua, pero con el correr de los minutos de juego la fiesta deportiva comenzó. Los ingleses empezaron a ser más, se los notaba más firmes en la zona media del campo donde tenían dos hombres de buen toque, los cuales llevaron la pelota hacia delante y lograron finalizar un primer tiempo con ventaja de 1 por 0.
Ya en el segundo tiempo, los alemanes empezaron a mostrar algo que ya se veía en la guerra, eran superiores en número de soldados. Por eso, los cambios no tardaron en llegar, cambios que le dieron aire al conjunto germano que no tardó en empatar el marcador en 1-1. Sobre el final, el equipo inglés perdió a un hombre que sufrió un golpe tras resbalar en el suelo que por cierto contaba con pedazos de hielo a causa de las bajas temperaturas. Aprovechando la situación el conjunto alemán metió dos variantes por las bandas, que le permitieron llegar al arco ante unos soldados ingleses desbatados. Así los alemanes se hicieron con el triunfo en el marcador por 2 a 1.
Finalizado el duelo, ambos grupos de soldados se juntaron para celebrar la noche buena, donde todo fue anécdotas, intercambio de presentes hasta la hora de volver a algo que ya parecía extraño, la guerra.                                                                              STAFFORA NICOLAS MATIAS


imagen: as.com