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domingo, 17 de octubre de 2021

SERENDIPIA FUTBOLERA

Era un lunes por la tarde, José iba camino al country de Estudiantes de La Plata donde se realizaba una prueba de jugadores y por esas cosas de la vida se encontró con Luis, un amigo de la infancia que iba por el mismo sueño, jugar en el pincha.

Luego de la práctica, la alegría fue compartida, atrás quedó esa serendipia y empezaron a soñar con puras entelequias lo que serían los futuros meses jugando para Estudiantes.

La única posibilidad de abrir la puerta al otro mundo, la de ser protagonista estaba ahí, sería su debut en La Plata. Ambos con las pecheras pinchas salieron al estadio de 1 y 57 a hacer la entrada en calor, los cánticos y aplausos no sorprendían a los jóvenes, que tan solo unos meses atrás habitaban esas tribunas con la misma euforia.
José y Luis, saltaron al campo de juego con el pecho inflado, les tocaba estar desde el arranque y sabían que el entrenador tenía los ojos puestos en ellos. Del otro lado, Rosario Central, un rival que debía sumar de a tres, por ende las cosas no iban a ser fáciles.
Si bien el arranque del partido tenía a Pepe y al Cuis, como los habían apodado en el club, separados en la cancha. José, hábil con las dos piernas y de muy buena pegada, el entrenador lo había parado de extremo por derecha, en cuanto a Luis, era más defensivo y solía jugar de 3 que le permitía desprenderse por la banda izquierda y hasta de vez en cuando soltar algún tiro al arco que sorprendía a los porteros rivales.
Con el correr de los minutos, el entrenador le sugirió a José que se inclinara más hacia la izquierda y ahí fue cuando el partido tomó otro rumbo. Luis desbordó a los contrarios y José se filtró en la defensa metiendo una diagonal a donde el Cuis le puso una pelota magnífica, que con un zapatazo cruzado al palo izquierdo del arquero canalla, Pepe desató la alegría de los hinchas.
Pitazo final. El debut, el triunfo, el abrazo y llanto de dos pibes, que marcaban que ya son parte de la historia grande del Club Estudiantes de La Plata, la tierra parecía ser el mismo cielo.

STAFFORA NICOLAS MATIAS
Imagen: tribunero.com

miércoles, 22 de septiembre de 2021

FUTBOL DE PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Era diciembre del año 1914,  ya habían transcurrido cinco meses del inicio de la Primera Guerra Mundial. Los ataques entre alemanes e ingleses no cesaban pero algo dentro de las trincheras empezaba a cambiar, se respiraba aire festivo.

Fue entonces cuando ambos capitanes de los regimientos pusieron fin a las batallas por un rato, el espíritu navideño los había bombardeado bien adentro. Tocando esos sentimientos que parecieran no estar presentes en una guerra.
- FELIZ NAVIDAD - gritó el capitán alemán. Mientras que por el otro lado del campo de batalla, a los gritos, el capitán Pomeroy preguntaba - ¿QUIÉN ES?, respuesta que no tardó en llegar por parte del Fritz, que rápidamente llegó al acuerdo de encontrarse en el centro del campo para pactar la tregua de navidad.
Luego del encuentro ambos capitanes volvieron a sus trincheras, donde le comunicaron a sus soldados que no habría combate por algunas horas y quien se atreviera a romper las reglas, sería asesinado por su propio capitán.
Como si fuera una fiesta se fueron entremezclando y saludando ingleses y alemanes. Entre tantos saludos, bombas, armas y trincheras, apareció una pelota. Si the ball o der balle, como acostumbraban a llamarla tanto los oriundos de Inglaterra, como los germanos, no tardó en rodar.
El partido comenzó con un poco de temor a cometer algún error que terminará con la tregua, pero con el correr de los minutos de juego la fiesta deportiva comenzó. Los ingleses empezaron a ser más, se los notaba más firmes en la zona media del campo donde tenían dos hombres de buen toque, los cuales llevaron la pelota hacia delante y lograron finalizar un primer tiempo con ventaja de 1 por 0.
Ya en el segundo tiempo, los alemanes empezaron a mostrar algo que ya se veía en la guerra, eran superiores en número de soldados. Por eso, los cambios no tardaron en llegar, cambios que le dieron aire al conjunto germano que no tardó en empatar el marcador en 1-1. Sobre el final, el equipo inglés perdió a un hombre que sufrió un golpe tras resbalar en el suelo que por cierto contaba con pedazos de hielo a causa de las bajas temperaturas. Aprovechando la situación el conjunto alemán metió dos variantes por las bandas, que le permitieron llegar al arco ante unos soldados ingleses desbatados. Así los alemanes se hicieron con el triunfo en el marcador por 2 a 1.
Finalizado el duelo, ambos grupos de soldados se juntaron para celebrar la noche buena, donde todo fue anécdotas, intercambio de presentes hasta la hora de volver a algo que ya parecía extraño, la guerra.                                                                              STAFFORA NICOLAS MATIAS


imagen: as.com