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viernes, 31 de diciembre de 2021

¿SOLO 90 MINUTOS?

El texto que redacte a continuación nace de la frase del relato de Eduardo Galeano, titulado como "El Hincha":

  "...el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico

como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval."

El hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval. El cielo se torna arrebol, y a pesar de los resultados la ilusión del hincha se vuelve inmarcesible. Un hincha que mientras vuelve a casa en algún colectivo, tren o medio de transporte escucha a sus pares o periodistas dialogar de lo sucedido en el encuentro y en lo que será en un futuro, ese futuro que para muchos parece lejano, pero para el hincha es siempre presente.
El hincha contesta en su mente esos diálogos que escucha e interpreta que pueden ser positivos o negativos para su pasión.
Se acuesta pero no descansa, suma, resta, saca promedios, de pronto se vuelve casi matemático, hasta que pum, los números no dan.
Las cábalas empiezan a ser la duda, si se vistió igual, si llevé la bandera, con quién lo vi, qué hizo mal, cambió algo, voy a probar con esta que funcionó hace unos años.
Así como los técnicos y futbolistas tienen sus técnicas tácticas y prácticas, el hincha también las tiene. El fútbol, no son solo 90 minutos para quién es fútbol en propia piel.



                                                                STAFFORA NICOLAS MATIAS

miércoles, 3 de noviembre de 2021

MASCULINIDAD HEGEMÓNICA


La pelota empezó a picar en el asfalto hirviendo del campo de deportes de la UNLP, los primeros tiros de tres ya surgían efecto, la disconformidad y fastidio en los rostros de quienes defendían ese aro, brotaba como las flores en primavera.
Desde un costado observaban Julieta, Nicolás y Carlos, quienes habían estado lanzando, pero un dolor en la rodilla de Charly les había dado la pausa para refrescarse un poco. Fue entonces cuando la pelota, tras un rebote, rueda hacia los pies de Juli, quien la levanta y la devuelve.
Los chicos le preguntan a Carlos y a Nico si querían ingresar ya que les faltaba gente, Nicolás asiente con la cabeza y se acerca a saludar a sus compañeros de equipo, Charly seguía con dolor y responde que no. Luego de la respuesta negativa de su amigo, Juli, pregunta: ¿Puedo entrar?. Los chicos la miran, murmuran por lo bajo, ríen y continúan como si nada hubiera pasado, como si ella ni siquiera estuviera ahí mirando.
Sin respuesta, la Peque como le decían sus amigos, por su estatura, que apenas rozaba el metro cincuenta, volvió a preguntar. Esta vez sí recibió una contestación, Vladimir, el base del equipo que venía con ventaja respondió que así ya estaban bien, aunque aún había superioridad numérica en su equipo.
El juego continuaba y los interrogantes por parte de Nicolás empezaron a llegar, ¿por qué no puede jugar? preguntó, estamos con uno menos, ella juega siempre y hasta mejor que muchos de nosotros, la voy a dejar entrar.
Vladi, enojado tras los comentarios de Nico que recién se sumaba y ni siquiera era parte del grupo, frenó el partido y le pidió que se retirara de la cancha si estaba tan disconforme, que era un partido entre amigos, entre hombres.
Julieta al escuchar eso, se acercó y le propuso jugar al mejor de tres tiros, el que gana elige los equipos que continuarán jugando. Con toda la presión de la gente que ya se había juntado alrededor de la cancha a observar, no le quedó más que aceptar.
Dribling va, dribling viene, Juli empezó a dar una clase de lo que era tener control sobre el balón y precisión a la hora de encestar en el aro. Tres de tres, que habían dejado a Vladimir como base de uno de los dos equipos mixtos que ahora se enfrentaban en la cancha.
Ya finalizado el partido, Vladimir se acercó a Julieta, pero en esta ocasión le pidió disculpas y que anotará su número para poder avisar la próxima vez que se reúnan a jugar.


                                                    STAFFORA NICOLÁS MATÍAS

lunes, 25 de octubre de 2021

GETAFE

      

Todo comenzó años atrás, precisamente en el  ́ 78 cuando Argentina estaba en pleno proceso de dictadura y a su vez se consagra campeona del mundo.
Matias, junto con su madre emigró del país rumbo a España, donde allí ya había varios argentinos y suponían que las cosas serían mejores.
Tute no estaba muy conforme, de hecho odiaba todo a su alrededor, se sentía inseguro, depresivo, reaccionaba por momentos de manera impulsiva sin pensar qué era lo que hacía, todo a causa de que en realidad lo que lo tenía a mal traer era saber que no volvería a ver a su padre, quien había sido un desaparecido más en Argentina.
Con el correr de los años Matias fue creciendo y si bien aún el dolor estaba, se había criado en la ciudad de Getafe, cerca de las inmediaciones del club de la ciudad. Tuvo su paso por las inferiores y luego una lesión lo dejó fuera de las canchas, igualmente no interfirió en su relación con el club, ya que se convirtió en prensa oficial del mismo.
Los Azulones no andaban bien y el puesto del entrenador empezó a ser una duda constante partido tras partido. Los rumores sobre los posibles reemplazos empezaron a sonar y vaya sorpresa le llegó a Matias.
Entre los posibles reemplazantes se encontraba el Loco Cansino, un ex futbolista argentino, que era conocido por llorar y jugar aún mejor cuando su club iba perdiendo. Un tipo que había sido acusado de asesinar a un compañero en un internado donde, claro, estaba por su apodo, pero que la policía había dejado que terminara el partido para arrestarlo.
Matias ya lo conocía porque en aquella final donde lo arrestaron, él había estado presente, ya que su padre era compañero y muy amigo del Loco, en aquel recordado equipo de Sparta.
Ya recuperado, o por lo menos así se lo veía, el Loco llegó a España para ver qué depararía su futuro en el país. Entró a la oficina del Club y allí se encontró con el presidente del mismo, y lo acompañaban el vicepresidente, el secretario y un periodista, al cual Cansino le clavó la mirada y dijo, ¿Matias?, Si; contestó en un estrechón de manos. Luego de eso no hubo mucho más que hablar, ambos sabían que a pesar de que la vida te da batallas, también pone las cosas en su lugar y su lugar era Getafe.
STAFFORA NICOLAS MATIAS

jueves, 30 de septiembre de 2021

BASURA DE LA ALTA SOCIEDAD

  

Todo comenzó hace algunos años en las profundidades del Barrio Jardin en la ciudad de Viedma, Río Negro. Un joven de nombre Manuel Uribe, que de niño ya era conocido por los vecinos, por ser hijo de Patricia y Carlos, quienes desde que se fundó el barrio, tenían una panadería y él solía darles una mano. Ya sea amasando, barriendo o atendiendo, Manu siempre estaba con una sonrisa en la cara. Sonrisa que se le dibujaba, al saber que luego de su jornada por la mañana en la panadería iría como siempre a entrenar.
Tomaba su bicicleta, con la que recorría toda la ciudad para cruzar el puente que la une con la de enfrente, Carmen de Patagones y así llegar a su Club Deportivo Patagones. Club del cual era hincha su padre quien de chiquito había vivido cerca de las instalaciones del mismo y practicado básquet, hasta que una grave lesión lo dejó fuera de las canchas.
Manuel, que tenía de ídolo a su padre, se divertía junto a él escuchando las anécdotas, mientras repasaban partidos con diferentes fotos que él tenía guardadas. A diferencia de su ídolo, Manu tenía más altura y los números a medida que fueron pasando las categorías fueron siendo aún mejor. Números que le empezaron a traer oportunidades, si bien la meta era llegar a la NBA junto a los grandes basquetbolistas del mundo, un llamado lo puso a prueba.
Desde España y sin que él lo supiese el Club Zaragoza lo había estado observando y lo querían para la primera de cara al comienzo de la nueva temporada. Vladimir Garcia, buscador de talentos del club, fue el encargado de dar la noticia.
Uribe, decía la flamante camiseta número 4 del Zaragoza que le habían otorgado tras haber aceptado la propuesta.
Las cosas parecían fluir bien, los resultados del conjunto español estaban en lo esperado, luchando en lo más alto y con buenos rendimientos de Manu en el arranque. Pero no todo era básquet en la vida de Manuel, como ya sabemos, él era un chico de barrio, trabajador y conocido por todos, quien había logrado triunfar en el deporte que amaba. Sus amigos con los que recorría cuadras y cuadras hasta llegar al club, su familia, su entorno, en España ya no era el mismo.
El triunfo deportivo estaba a la vista pero no había triunfo frente al nuevo ambiente. Rodeado de la clase alta, donde sus costumbres y sus principios que había mamado en el barrio, no eran tomados de la mejor manera. Manu se sentía desplazado y solo allí y cuando alguien se siente solo, es difícil. Es por eso que luego de largas charlas con diferentes dirigentes del club, que intentaron convencerlo de quedarse, Uribe cerró la puerta del Zaragoza y volvió a entrar por una que nunca se había cerrado, junto a sus amigos y familiares en las gradas, se puso la del Depo para gritar campeón y entre flautas y mignones exhibir la copa. STAFFORA NICOLAS MATIAS