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lunes, 25 de octubre de 2021

GETAFE

      

Todo comenzó años atrás, precisamente en el  ́ 78 cuando Argentina estaba en pleno proceso de dictadura y a su vez se consagra campeona del mundo.
Matias, junto con su madre emigró del país rumbo a España, donde allí ya había varios argentinos y suponían que las cosas serían mejores.
Tute no estaba muy conforme, de hecho odiaba todo a su alrededor, se sentía inseguro, depresivo, reaccionaba por momentos de manera impulsiva sin pensar qué era lo que hacía, todo a causa de que en realidad lo que lo tenía a mal traer era saber que no volvería a ver a su padre, quien había sido un desaparecido más en Argentina.
Con el correr de los años Matias fue creciendo y si bien aún el dolor estaba, se había criado en la ciudad de Getafe, cerca de las inmediaciones del club de la ciudad. Tuvo su paso por las inferiores y luego una lesión lo dejó fuera de las canchas, igualmente no interfirió en su relación con el club, ya que se convirtió en prensa oficial del mismo.
Los Azulones no andaban bien y el puesto del entrenador empezó a ser una duda constante partido tras partido. Los rumores sobre los posibles reemplazos empezaron a sonar y vaya sorpresa le llegó a Matias.
Entre los posibles reemplazantes se encontraba el Loco Cansino, un ex futbolista argentino, que era conocido por llorar y jugar aún mejor cuando su club iba perdiendo. Un tipo que había sido acusado de asesinar a un compañero en un internado donde, claro, estaba por su apodo, pero que la policía había dejado que terminara el partido para arrestarlo.
Matias ya lo conocía porque en aquella final donde lo arrestaron, él había estado presente, ya que su padre era compañero y muy amigo del Loco, en aquel recordado equipo de Sparta.
Ya recuperado, o por lo menos así se lo veía, el Loco llegó a España para ver qué depararía su futuro en el país. Entró a la oficina del Club y allí se encontró con el presidente del mismo, y lo acompañaban el vicepresidente, el secretario y un periodista, al cual Cansino le clavó la mirada y dijo, ¿Matias?, Si; contestó en un estrechón de manos. Luego de eso no hubo mucho más que hablar, ambos sabían que a pesar de que la vida te da batallas, también pone las cosas en su lugar y su lugar era Getafe.
STAFFORA NICOLAS MATIAS

miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA C DE CAMPEONES Y LA B DE BIENVENIDOS

Transcurría el Domingo 12 de Mayo de 2019, un día hermoso de otoño en el cual partí en el tren a mi querida ciudad de Quilmes. La adrenalina se mezclaba con la fe y la ilusión, con ese no se qué de querer que sea el final del día para estar festejando, que mi amado club, Argentino de Quilmes, se jugaba el todo por el todo.

Tras 15 años de ausencia en la Primera B Metropolitana, los criollos y las criollas teníamos ese pálpito de que lo que un año antes había sido frustración y tristeza, en la final, este año se iba a dar.
El técnico Pedro “Moncho” Monzón, ex jugador de la selección Argentina, fue quien paró en cancha a: 1 - Adrian Leguizamon, 2 – Elías Martínez, 3 – Santiago López, 4 – Leonel Barrios, 5 – Enzo Zarate, 6 – Matías Correa, 7 - Rodrigo Marothi, 8 – Fabrizio Acosta, 9 - Braian Chavez, 10 - Brian Duarte, 11 - Walter Hermoso, un once que quedará metido en nuestras memorias por siempre.
Ya con los equipos en canchas los cánticos y los aplausos empezaron a bajar desde la popular desde donde no dejaba de mirar al cielo, diciéndole “abuelo se nos da, hoy mira que se nos da, al nueve alguna le tiene que quedar”
Comenzaron los primeros 45 minutos y la visita, Victoriano Arenas era más que el local, los rostros nos cambiaban de mal a peor, no podíamos creer lo que nos estaba pasando. Nos tenían acorralados.
Ya en el entretiempo, la popular era desolación y el aire se cortaba solo, desde la platea no se emitía sonido alguno. Parecía estar cada uno en su mundo, pero no, las miradas revelaban que estábamos todos igual, tratando de entender qué pasaba, qué cábalas habían fallado.
Arrancó el segundo tiempo, los dirigidos por el Moncho Monzón habían cambiado el chip y salieron en su mejor versión. Las caras empezaban a cambiar, volví a mirar al cielo y le dije “tranqui abuelo, el Tanque Chávez nos va a salvar como lo hizo en varias ocasiones durante todo el campeonato”.
Los centros empezaron a llegar y ahí fue cuando la suerte estuvo de mi lado y del lado del goleador de 28 años, que había llegado hacía un año y desde ahí que el mate no paraba de marcar. Estaba donde tenía que estar, el centro de Leo Barrios fue perfecto a la cabeza de Chavez, quien definió cruzado al palo izquierdo del arquero, donde ya no pudo hacer nada y la popular que estaba a sus espaldas gritó el gol del campeonato.
Todo fue festejos, la caravana por la ciudad no tardó en llegar y con los ojos llorosos mirando al cielo, grité “ Se nos dio abuelo, se nos dio, te dije que era del 9. Vamos a festejar”.                                                                STAFFORA NICOLAS MATIAS


FUTBOL DE PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Era diciembre del año 1914,  ya habían transcurrido cinco meses del inicio de la Primera Guerra Mundial. Los ataques entre alemanes e ingleses no cesaban pero algo dentro de las trincheras empezaba a cambiar, se respiraba aire festivo.

Fue entonces cuando ambos capitanes de los regimientos pusieron fin a las batallas por un rato, el espíritu navideño los había bombardeado bien adentro. Tocando esos sentimientos que parecieran no estar presentes en una guerra.
- FELIZ NAVIDAD - gritó el capitán alemán. Mientras que por el otro lado del campo de batalla, a los gritos, el capitán Pomeroy preguntaba - ¿QUIÉN ES?, respuesta que no tardó en llegar por parte del Fritz, que rápidamente llegó al acuerdo de encontrarse en el centro del campo para pactar la tregua de navidad.
Luego del encuentro ambos capitanes volvieron a sus trincheras, donde le comunicaron a sus soldados que no habría combate por algunas horas y quien se atreviera a romper las reglas, sería asesinado por su propio capitán.
Como si fuera una fiesta se fueron entremezclando y saludando ingleses y alemanes. Entre tantos saludos, bombas, armas y trincheras, apareció una pelota. Si the ball o der balle, como acostumbraban a llamarla tanto los oriundos de Inglaterra, como los germanos, no tardó en rodar.
El partido comenzó con un poco de temor a cometer algún error que terminará con la tregua, pero con el correr de los minutos de juego la fiesta deportiva comenzó. Los ingleses empezaron a ser más, se los notaba más firmes en la zona media del campo donde tenían dos hombres de buen toque, los cuales llevaron la pelota hacia delante y lograron finalizar un primer tiempo con ventaja de 1 por 0.
Ya en el segundo tiempo, los alemanes empezaron a mostrar algo que ya se veía en la guerra, eran superiores en número de soldados. Por eso, los cambios no tardaron en llegar, cambios que le dieron aire al conjunto germano que no tardó en empatar el marcador en 1-1. Sobre el final, el equipo inglés perdió a un hombre que sufrió un golpe tras resbalar en el suelo que por cierto contaba con pedazos de hielo a causa de las bajas temperaturas. Aprovechando la situación el conjunto alemán metió dos variantes por las bandas, que le permitieron llegar al arco ante unos soldados ingleses desbatados. Así los alemanes se hicieron con el triunfo en el marcador por 2 a 1.
Finalizado el duelo, ambos grupos de soldados se juntaron para celebrar la noche buena, donde todo fue anécdotas, intercambio de presentes hasta la hora de volver a algo que ya parecía extraño, la guerra.                                                                              STAFFORA NICOLAS MATIAS


imagen: as.com