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miércoles, 3 de noviembre de 2021

MASCULINIDAD HEGEMÓNICA


La pelota empezó a picar en el asfalto hirviendo del campo de deportes de la UNLP, los primeros tiros de tres ya surgían efecto, la disconformidad y fastidio en los rostros de quienes defendían ese aro, brotaba como las flores en primavera.
Desde un costado observaban Julieta, Nicolás y Carlos, quienes habían estado lanzando, pero un dolor en la rodilla de Charly les había dado la pausa para refrescarse un poco. Fue entonces cuando la pelota, tras un rebote, rueda hacia los pies de Juli, quien la levanta y la devuelve.
Los chicos le preguntan a Carlos y a Nico si querían ingresar ya que les faltaba gente, Nicolás asiente con la cabeza y se acerca a saludar a sus compañeros de equipo, Charly seguía con dolor y responde que no. Luego de la respuesta negativa de su amigo, Juli, pregunta: ¿Puedo entrar?. Los chicos la miran, murmuran por lo bajo, ríen y continúan como si nada hubiera pasado, como si ella ni siquiera estuviera ahí mirando.
Sin respuesta, la Peque como le decían sus amigos, por su estatura, que apenas rozaba el metro cincuenta, volvió a preguntar. Esta vez sí recibió una contestación, Vladimir, el base del equipo que venía con ventaja respondió que así ya estaban bien, aunque aún había superioridad numérica en su equipo.
El juego continuaba y los interrogantes por parte de Nicolás empezaron a llegar, ¿por qué no puede jugar? preguntó, estamos con uno menos, ella juega siempre y hasta mejor que muchos de nosotros, la voy a dejar entrar.
Vladi, enojado tras los comentarios de Nico que recién se sumaba y ni siquiera era parte del grupo, frenó el partido y le pidió que se retirara de la cancha si estaba tan disconforme, que era un partido entre amigos, entre hombres.
Julieta al escuchar eso, se acercó y le propuso jugar al mejor de tres tiros, el que gana elige los equipos que continuarán jugando. Con toda la presión de la gente que ya se había juntado alrededor de la cancha a observar, no le quedó más que aceptar.
Dribling va, dribling viene, Juli empezó a dar una clase de lo que era tener control sobre el balón y precisión a la hora de encestar en el aro. Tres de tres, que habían dejado a Vladimir como base de uno de los dos equipos mixtos que ahora se enfrentaban en la cancha.
Ya finalizado el partido, Vladimir se acercó a Julieta, pero en esta ocasión le pidió disculpas y que anotará su número para poder avisar la próxima vez que se reúnan a jugar.


                                                    STAFFORA NICOLÁS MATÍAS

miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA C DE CAMPEONES Y LA B DE BIENVENIDOS

Transcurría el Domingo 12 de Mayo de 2019, un día hermoso de otoño en el cual partí en el tren a mi querida ciudad de Quilmes. La adrenalina se mezclaba con la fe y la ilusión, con ese no se qué de querer que sea el final del día para estar festejando, que mi amado club, Argentino de Quilmes, se jugaba el todo por el todo.

Tras 15 años de ausencia en la Primera B Metropolitana, los criollos y las criollas teníamos ese pálpito de que lo que un año antes había sido frustración y tristeza, en la final, este año se iba a dar.
El técnico Pedro “Moncho” Monzón, ex jugador de la selección Argentina, fue quien paró en cancha a: 1 - Adrian Leguizamon, 2 – Elías Martínez, 3 – Santiago López, 4 – Leonel Barrios, 5 – Enzo Zarate, 6 – Matías Correa, 7 - Rodrigo Marothi, 8 – Fabrizio Acosta, 9 - Braian Chavez, 10 - Brian Duarte, 11 - Walter Hermoso, un once que quedará metido en nuestras memorias por siempre.
Ya con los equipos en canchas los cánticos y los aplausos empezaron a bajar desde la popular desde donde no dejaba de mirar al cielo, diciéndole “abuelo se nos da, hoy mira que se nos da, al nueve alguna le tiene que quedar”
Comenzaron los primeros 45 minutos y la visita, Victoriano Arenas era más que el local, los rostros nos cambiaban de mal a peor, no podíamos creer lo que nos estaba pasando. Nos tenían acorralados.
Ya en el entretiempo, la popular era desolación y el aire se cortaba solo, desde la platea no se emitía sonido alguno. Parecía estar cada uno en su mundo, pero no, las miradas revelaban que estábamos todos igual, tratando de entender qué pasaba, qué cábalas habían fallado.
Arrancó el segundo tiempo, los dirigidos por el Moncho Monzón habían cambiado el chip y salieron en su mejor versión. Las caras empezaban a cambiar, volví a mirar al cielo y le dije “tranqui abuelo, el Tanque Chávez nos va a salvar como lo hizo en varias ocasiones durante todo el campeonato”.
Los centros empezaron a llegar y ahí fue cuando la suerte estuvo de mi lado y del lado del goleador de 28 años, que había llegado hacía un año y desde ahí que el mate no paraba de marcar. Estaba donde tenía que estar, el centro de Leo Barrios fue perfecto a la cabeza de Chavez, quien definió cruzado al palo izquierdo del arquero, donde ya no pudo hacer nada y la popular que estaba a sus espaldas gritó el gol del campeonato.
Todo fue festejos, la caravana por la ciudad no tardó en llegar y con los ojos llorosos mirando al cielo, grité “ Se nos dio abuelo, se nos dio, te dije que era del 9. Vamos a festejar”.                                                                STAFFORA NICOLAS MATIAS