lunes, 25 de octubre de 2021
GETAFE
domingo, 17 de octubre de 2021
SERENDIPIA FUTBOLERA
Era un lunes por la tarde, José iba camino al country de Estudiantes de La Plata donde se realizaba una prueba de jugadores y por esas cosas de la vida se encontró con Luis, un amigo de la infancia que iba por el mismo sueño, jugar en el pincha.
Luego de la práctica, la alegría fue compartida, atrás quedó esa serendipia y empezaron a soñar con puras entelequias lo que serían los futuros meses jugando para Estudiantes.
La única posibilidad de abrir la puerta al otro mundo, la de ser protagonista estaba ahí, sería su debut en La Plata. Ambos con las pecheras pinchas salieron al estadio de 1 y 57 a hacer la entrada en calor, los cánticos y aplausos no sorprendían a los jóvenes, que tan solo unos meses atrás habitaban esas tribunas con la misma euforia.
José y Luis, saltaron al campo de juego con el pecho inflado, les tocaba estar desde el arranque y sabían que el entrenador tenía los ojos puestos en ellos. Del otro lado, Rosario Central, un rival que debía sumar de a tres, por ende las cosas no iban a ser fáciles.
Si bien el arranque del partido tenía a Pepe y al Cuis, como los habían apodado en el club, separados en la cancha. José, hábil con las dos piernas y de muy buena pegada, el entrenador lo había parado de extremo por derecha, en cuanto a Luis, era más defensivo y solía jugar de 3 que le permitía desprenderse por la banda izquierda y hasta de vez en cuando soltar algún tiro al arco que sorprendía a los porteros rivales.
Con el correr de los minutos, el entrenador le sugirió a José que se inclinara más hacia la izquierda y ahí fue cuando el partido tomó otro rumbo. Luis desbordó a los contrarios y José se filtró en la defensa metiendo una diagonal a donde el Cuis le puso una pelota magnífica, que con un zapatazo cruzado al palo izquierdo del arquero canalla, Pepe desató la alegría de los hinchas.
Pitazo final. El debut, el triunfo, el abrazo y llanto de dos pibes, que marcaban que ya son parte de la historia grande del Club Estudiantes de La Plata, la tierra parecía ser el mismo cielo.
jueves, 30 de septiembre de 2021
BASURA DE LA ALTA SOCIEDAD
Todo comenzó hace algunos años en las profundidades del Barrio Jardin en la ciudad de Viedma, Río Negro. Un joven de nombre Manuel Uribe, que de niño ya era conocido por los vecinos, por ser hijo de Patricia y Carlos, quienes desde que se fundó el barrio, tenían una panadería y él solía darles una mano. Ya sea amasando, barriendo o atendiendo, Manu siempre estaba con una sonrisa en la cara. Sonrisa que se le dibujaba, al saber que luego de su jornada por la mañana en la panadería iría como siempre a entrenar.
Tomaba su bicicleta, con la que recorría toda la ciudad para cruzar el puente que la une con la de enfrente, Carmen de Patagones y así llegar a su Club Deportivo Patagones. Club del cual era hincha su padre quien de chiquito había vivido cerca de las instalaciones del mismo y practicado básquet, hasta que una grave lesión lo dejó fuera de las canchas.
Manuel, que tenía de ídolo a su padre, se divertía junto a él escuchando las anécdotas, mientras repasaban partidos con diferentes fotos que él tenía guardadas. A diferencia de su ídolo, Manu tenía más altura y los números a medida que fueron pasando las categorías fueron siendo aún mejor. Números que le empezaron a traer oportunidades, si bien la meta era llegar a la NBA junto a los grandes basquetbolistas del mundo, un llamado lo puso a prueba.
Desde España y sin que él lo supiese el Club Zaragoza lo había estado observando y lo querían para la primera de cara al comienzo de la nueva temporada. Vladimir Garcia, buscador de talentos del club, fue el encargado de dar la noticia.
Uribe, decía la flamante camiseta número 4 del Zaragoza que le habían otorgado tras haber aceptado la propuesta.
Las cosas parecían fluir bien, los resultados del conjunto español estaban en lo esperado, luchando en lo más alto y con buenos rendimientos de Manu en el arranque. Pero no todo era básquet en la vida de Manuel, como ya sabemos, él era un chico de barrio, trabajador y conocido por todos, quien había logrado triunfar en el deporte que amaba. Sus amigos con los que recorría cuadras y cuadras hasta llegar al club, su familia, su entorno, en España ya no era el mismo.
El triunfo deportivo estaba a la vista pero no había triunfo frente al nuevo ambiente. Rodeado de la clase alta, donde sus costumbres y sus principios que había mamado en el barrio, no eran tomados de la mejor manera. Manu se sentía desplazado y solo allí y cuando alguien se siente solo, es difícil. Es por eso que luego de largas charlas con diferentes dirigentes del club, que intentaron convencerlo de quedarse, Uribe cerró la puerta del Zaragoza y volvió a entrar por una que nunca se había cerrado, junto a sus amigos y familiares en las gradas, se puso la del Depo para gritar campeón y entre flautas y mignones exhibir la copa. STAFFORA NICOLAS MATIAS
miércoles, 22 de septiembre de 2021
LA C DE CAMPEONES Y LA B DE BIENVENIDOS
Transcurría el Domingo 12 de Mayo de 2019, un día hermoso de otoño en el cual partí en el tren a mi querida ciudad de Quilmes. La adrenalina se mezclaba con la fe y la ilusión, con ese no se qué de querer que sea el final del día para estar festejando, que mi amado club, Argentino de Quilmes, se jugaba el todo por el todo.
Tras 15 años de ausencia en la Primera B Metropolitana, los criollos y las criollas teníamos ese pálpito de que lo que un año antes había sido frustración y tristeza, en la final, este año se iba a dar.
El técnico Pedro “Moncho” Monzón, ex jugador de la selección Argentina, fue quien paró en cancha a: 1 - Adrian Leguizamon, 2 – Elías Martínez, 3 – Santiago López, 4 – Leonel Barrios, 5 – Enzo Zarate, 6 – Matías Correa, 7 - Rodrigo Marothi, 8 – Fabrizio Acosta, 9 - Braian Chavez, 10 - Brian Duarte, 11 - Walter Hermoso, un once que quedará metido en nuestras memorias por siempre.
Ya con los equipos en canchas los cánticos y los aplausos empezaron a bajar desde la popular desde donde no dejaba de mirar al cielo, diciéndole “abuelo se nos da, hoy mira que se nos da, al nueve alguna le tiene que quedar”
Comenzaron los primeros 45 minutos y la visita, Victoriano Arenas era más que el local, los rostros nos cambiaban de mal a peor, no podíamos creer lo que nos estaba pasando. Nos tenían acorralados.
Ya en el entretiempo, la popular era desolación y el aire se cortaba solo, desde la platea no se emitía sonido alguno. Parecía estar cada uno en su mundo, pero no, las miradas revelaban que estábamos todos igual, tratando de entender qué pasaba, qué cábalas habían fallado.
Arrancó el segundo tiempo, los dirigidos por el Moncho Monzón habían cambiado el chip y salieron en su mejor versión. Las caras empezaban a cambiar, volví a mirar al cielo y le dije “tranqui abuelo, el Tanque Chávez nos va a salvar como lo hizo en varias ocasiones durante todo el campeonato”.
Los centros empezaron a llegar y ahí fue cuando la suerte estuvo de mi lado y del lado del goleador de 28 años, que había llegado hacía un año y desde ahí que el mate no paraba de marcar. Estaba donde tenía que estar, el centro de Leo Barrios fue perfecto a la cabeza de Chavez, quien definió cruzado al palo izquierdo del arquero, donde ya no pudo hacer nada y la popular que estaba a sus espaldas gritó el gol del campeonato.
Todo fue festejos, la caravana por la ciudad no tardó en llegar y con los ojos llorosos mirando al cielo, grité “ Se nos dio abuelo, se nos dio, te dije que era del 9. Vamos a festejar”. STAFFORA NICOLAS MATIAS
FUTBOL DE PRIMERA GUERRA MUNDIAL
Era diciembre del año 1914, ya habían transcurrido cinco meses del inicio de la Primera Guerra Mundial. Los ataques entre alemanes e ingleses no cesaban pero algo dentro de las trincheras empezaba a cambiar, se respiraba aire festivo.
Fue entonces cuando ambos capitanes de los regimientos pusieron fin a las batallas por un rato, el espíritu navideño los había bombardeado bien adentro. Tocando esos sentimientos que parecieran no estar presentes en una guerra.
- FELIZ NAVIDAD - gritó el capitán alemán. Mientras que por el otro lado del campo de batalla, a los gritos, el capitán Pomeroy preguntaba - ¿QUIÉN ES?, respuesta que no tardó en llegar por parte del Fritz, que rápidamente llegó al acuerdo de encontrarse en el centro del campo para pactar la tregua de navidad.
Luego del encuentro ambos capitanes volvieron a sus trincheras, donde le comunicaron a sus soldados que no habría combate por algunas horas y quien se atreviera a romper las reglas, sería asesinado por su propio capitán.
Como si fuera una fiesta se fueron entremezclando y saludando ingleses y alemanes. Entre tantos saludos, bombas, armas y trincheras, apareció una pelota. Si the ball o der balle, como acostumbraban a llamarla tanto los oriundos de Inglaterra, como los germanos, no tardó en rodar.
El partido comenzó con un poco de temor a cometer algún error que terminará con la tregua, pero con el correr de los minutos de juego la fiesta deportiva comenzó. Los ingleses empezaron a ser más, se los notaba más firmes en la zona media del campo donde tenían dos hombres de buen toque, los cuales llevaron la pelota hacia delante y lograron finalizar un primer tiempo con ventaja de 1 por 0.
Ya en el segundo tiempo, los alemanes empezaron a mostrar algo que ya se veía en la guerra, eran superiores en número de soldados. Por eso, los cambios no tardaron en llegar, cambios que le dieron aire al conjunto germano que no tardó en empatar el marcador en 1-1. Sobre el final, el equipo inglés perdió a un hombre que sufrió un golpe tras resbalar en el suelo que por cierto contaba con pedazos de hielo a causa de las bajas temperaturas. Aprovechando la situación el conjunto alemán metió dos variantes por las bandas, que le permitieron llegar al arco ante unos soldados ingleses desbatados. Así los alemanes se hicieron con el triunfo en el marcador por 2 a 1.
Finalizado el duelo, ambos grupos de soldados se juntaron para celebrar la noche buena, donde todo fue anécdotas, intercambio de presentes hasta la hora de volver a algo que ya parecía extraño, la guerra. STAFFORA NICOLAS MATIAS
imagen: as.com
